Cielo agrio de nube entera
Caída, subida de viento
bajada
Las olas no llegan
no llegan
aplastan el agua
No veo la arena
lo impide el muro
intranquilas piedras humanas
que no saben ni pueden
ni esperan nada
bajo el peso de este día, de otro cualquiera
martes, noviembre 03, 2009
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Supuestos poemas
domingo, noviembre 01, 2009
Cada vez que miro una película de Luis Buñuel, opino que el hombre ofrecía sus símbolos con la delicadeza de un vendedor ambulante.
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Apuntes
sábado, octubre 31, 2009
Los críticos de cine pueden ser personas lúcidas, no me cabe la menor duda. A pesar de lo que escriben.
Días atrás, mientras esperaba los resultados electorales, miré, para distraerme, Anything else de Woody Allen, película generalmente castigada por los críticos. La opinión más común: un refrito, casi una mala copia de las viejos clásicos de Allen, en particular de Annie Hall y de Broadway Danny Rose. No hay caso, el viejo está acabado. Por favor, Mr. Allen, deje de filmar por un tiempo, le hará bien.
No abro juicio sobre los períodos laborales del cineasta, y coincido en que repite aquí escenas casi completas de esas películas. Las repite de una manera tan obvia que sólo puede ser deliberada.
Vamos, es intencional y no comprendo cómo los críticos no lo descubrieron. Toma momentos clave de Annie Hall y de Broadway Danny Rose para mirarlos -y juzgarlos- desde un punto de vista radicalmente distinto, como si dijera: "Bueno, miren, cuando filmé aquellas películas que tanto gustaron, yo creía que las cosas eran de esa manera, más bien romántica y optimista, pero ahora, treinta años después y con más experiencia de la vida, las veo de una manera dura y pragmática que casi niega la anterior".
No hay otra lectura posible para Anything else. Un fuerte ajuste de cuentas del viejo Allen con su antiguo yo y, quizás, con sus antiguos seguidores.
¿Es capaz de eso un viejo acabado?
Días atrás, mientras esperaba los resultados electorales, miré, para distraerme, Anything else de Woody Allen, película generalmente castigada por los críticos. La opinión más común: un refrito, casi una mala copia de las viejos clásicos de Allen, en particular de Annie Hall y de Broadway Danny Rose. No hay caso, el viejo está acabado. Por favor, Mr. Allen, deje de filmar por un tiempo, le hará bien.
No abro juicio sobre los períodos laborales del cineasta, y coincido en que repite aquí escenas casi completas de esas películas. Las repite de una manera tan obvia que sólo puede ser deliberada.
Vamos, es intencional y no comprendo cómo los críticos no lo descubrieron. Toma momentos clave de Annie Hall y de Broadway Danny Rose para mirarlos -y juzgarlos- desde un punto de vista radicalmente distinto, como si dijera: "Bueno, miren, cuando filmé aquellas películas que tanto gustaron, yo creía que las cosas eran de esa manera, más bien romántica y optimista, pero ahora, treinta años después y con más experiencia de la vida, las veo de una manera dura y pragmática que casi niega la anterior".
No hay otra lectura posible para Anything else. Un fuerte ajuste de cuentas del viejo Allen con su antiguo yo y, quizás, con sus antiguos seguidores.
¿Es capaz de eso un viejo acabado?
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Apuntes
martes, octubre 27, 2009
Puedo entender la crueldad y la indiferencia, pero no las justifico.
Durante los festejos de la primera vuelta electoral, demasiadas personas que, al parecer, creen ser más personas por la mera ilusión de ser de derecha, gozaban con el fracaso del plebiscito para anular la vieja ley que ampara a muchos militares sospechados de cometer, entre otros delitos brutales, torturas, asesinatos, violaciones, robo de niños, ocultamiento de cadáveres, robos, durante la dictadura. Gozaban porque -sentían, como sienten todos aquellos que solamente sienten- que la intención de anular esa ley -declarada inconstitucional hace poco tiempo por la Suprema Corte de Justicia del país- era "de izquierda". Bueno, es cierto que la enorme mayoría de quienes fueron torturados, asesinados, violados, robados sus hijos, ocultados sus cadáveres, robados durante la dictadura eran "de izquierda". Por lo tanto -según el raro sentimiento de los festejantes- no merecen ni un gramo de consideración.
Pero olvidan -porque, otra vez, quien sólo siente no razona- que el voto a favor de la anulación cruzó a todos los partidos participantes en las elecciones nacionales: todos vimos aparecer unas cuantas papeletas por el Sí en muchas listas de la derecha. Y varias listas de la izquierda sin la papeleta.
Era, en suma, una causa nacional, y las causas nacionales merecen algo más que sentimiento identificatorio primario y partidista, algo más que barbarie de hinchada de fútbol.
También merece el compromiso de los principales afectados, en este caso de la izquierda que no ocultó su incomodidad con un plebiscito -promovido por organizaciones sociales, no partidarias- que podía complicarla en su lucha por el gobierno. Más absurdo entonces el festejo de los derechistas fanáticos, que ni siquiera leen más o menos acertadamente la realidad.
Durante los festejos de la primera vuelta electoral, demasiadas personas que, al parecer, creen ser más personas por la mera ilusión de ser de derecha, gozaban con el fracaso del plebiscito para anular la vieja ley que ampara a muchos militares sospechados de cometer, entre otros delitos brutales, torturas, asesinatos, violaciones, robo de niños, ocultamiento de cadáveres, robos, durante la dictadura. Gozaban porque -sentían, como sienten todos aquellos que solamente sienten- que la intención de anular esa ley -declarada inconstitucional hace poco tiempo por la Suprema Corte de Justicia del país- era "de izquierda". Bueno, es cierto que la enorme mayoría de quienes fueron torturados, asesinados, violados, robados sus hijos, ocultados sus cadáveres, robados durante la dictadura eran "de izquierda". Por lo tanto -según el raro sentimiento de los festejantes- no merecen ni un gramo de consideración.
Pero olvidan -porque, otra vez, quien sólo siente no razona- que el voto a favor de la anulación cruzó a todos los partidos participantes en las elecciones nacionales: todos vimos aparecer unas cuantas papeletas por el Sí en muchas listas de la derecha. Y varias listas de la izquierda sin la papeleta.
Era, en suma, una causa nacional, y las causas nacionales merecen algo más que sentimiento identificatorio primario y partidista, algo más que barbarie de hinchada de fútbol.
También merece el compromiso de los principales afectados, en este caso de la izquierda que no ocultó su incomodidad con un plebiscito -promovido por organizaciones sociales, no partidarias- que podía complicarla en su lucha por el gobierno. Más absurdo entonces el festejo de los derechistas fanáticos, que ni siquiera leen más o menos acertadamente la realidad.
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jueves, octubre 15, 2009
Análisis
En la televisión, hombres de traje y corbata a los que otros hombres de traje y corbata llaman "analistas", declaran que la actual campaña electoral les parece "pobre". "No hay contenidos, no hay debate". A la vez, señalan la excepcionalidad, el casi escándalo de la cantidad de "indecisos".
Yo pienso: La cantidad de "indecisos" se explica porque no tienen interés en la política, votan obligadamente y suelen votar a quien parece inofensivo. En esta campaña -que en vez de pobre es transparente- no hay esos animales mansos. El de la izquierda usó armas y secuestros en los años sesenta, el de la derecha fue un presidente intensamente sospechado de vastas corrupciones. Uno y otro son traslúcidos como una radiografía; nadie puede llamarse a engaño: estos perros muerden.
Los delicados "indecisos" no saben qué hacer. Nadie les ofrece un poodle, un chihuaha, un osito de peluche.
Yo pienso: La cantidad de "indecisos" se explica porque no tienen interés en la política, votan obligadamente y suelen votar a quien parece inofensivo. En esta campaña -que en vez de pobre es transparente- no hay esos animales mansos. El de la izquierda usó armas y secuestros en los años sesenta, el de la derecha fue un presidente intensamente sospechado de vastas corrupciones. Uno y otro son traslúcidos como una radiografía; nadie puede llamarse a engaño: estos perros muerden.
Los delicados "indecisos" no saben qué hacer. Nadie les ofrece un poodle, un chihuaha, un osito de peluche.
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martes, octubre 13, 2009
"¿No te habías ido a París?" "Estoy en París"
Acabo de ver Blow up, aunque parezca mentira. Vieja película de los años sesenta sobre la que había leído desde mi adolescencia, a la que los críticos ponían por las nubes. Acabo también de buscar en sitios de cine, y encuentro que los críticos actuales están reticentes. Parece que evitan repetir la opinión de los de antes. Prefieren decir en cambio: "Sí, fue muy comentada en su momento, pero nosotros nos damos cuenta de que no valía tanto. Eso sí: ¡qué lindos colores! Pero una lástima las pretensiones obtusas, que escapan a la mayoría del público". El último argumento es el que me irrita. ¿Las pretensiones son las obtusas, o es ese público al que todo se le escapa el obtuso?
Yo digo que si no ven Blow up se están perdiendo de algo que no encontrarán jamás en, por ejemplo, el limitado Almodóvar. Y si debo engolosinarlos como a niños, diré que hasta es una película rockera: aparecen los Yardbirds rompiendo una guitarra y tirándosela a un público tan obtuso como el que imaginan esos críticos.
Es cierto que los colores son una maravilla. Gloria a Carlo Di Palma.
Y, si la ven, no estaría mal que pensaran un poco en los cabos sueltos que intencionadamente deja. ¿Será que Antonioni era obtuso? ¿O será que tenía inquietudes filosóficas y sabía traducirlas a un lenguaje cinematográfico? Tomar algunos elementos de lo que hoy llamaríamos un thriller para desembocar en algo que descoloca y que deja, digamos, en blanco, no parece exactamente una estupidez, sino todo lo contrario.
Dicho sea de paso, la pelicula -según anuncia desde el principio- está basada en un cuento de Cortázar. Pocas veces se habrá mejorado tanto a un escritor.
Actúan, entre otros, Vanessa Redgrave -joven y semidesnuda-, la modelo Veruschka -delgadísima y semidesnuda- y la música es de Herbie Hancock (aunque se oyen de fondo fragmentos de los Small Faces).
Es, para ir terminando, una de las mejores películas que vi en mi vida, una que volveré a ver sin que me cueste.
PD: Me olvidaba: si creen que esta no es una película política, no saben qué es la politica.
Yo digo que si no ven Blow up se están perdiendo de algo que no encontrarán jamás en, por ejemplo, el limitado Almodóvar. Y si debo engolosinarlos como a niños, diré que hasta es una película rockera: aparecen los Yardbirds rompiendo una guitarra y tirándosela a un público tan obtuso como el que imaginan esos críticos.
Es cierto que los colores son una maravilla. Gloria a Carlo Di Palma.
Y, si la ven, no estaría mal que pensaran un poco en los cabos sueltos que intencionadamente deja. ¿Será que Antonioni era obtuso? ¿O será que tenía inquietudes filosóficas y sabía traducirlas a un lenguaje cinematográfico? Tomar algunos elementos de lo que hoy llamaríamos un thriller para desembocar en algo que descoloca y que deja, digamos, en blanco, no parece exactamente una estupidez, sino todo lo contrario.
Dicho sea de paso, la pelicula -según anuncia desde el principio- está basada en un cuento de Cortázar. Pocas veces se habrá mejorado tanto a un escritor.
Actúan, entre otros, Vanessa Redgrave -joven y semidesnuda-, la modelo Veruschka -delgadísima y semidesnuda- y la música es de Herbie Hancock (aunque se oyen de fondo fragmentos de los Small Faces).
Es, para ir terminando, una de las mejores películas que vi en mi vida, una que volveré a ver sin que me cueste.
PD: Me olvidaba: si creen que esta no es una película política, no saben qué es la politica.
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miércoles, septiembre 02, 2009
Sentado en la rambla
Sentado y no cubierto
pasando por tus ojos el cielo
algo llega y se va
algo sin movimiento
que no está en la vista
ni allá
algo más allá del largo ojo terreno
con que te mira el mar
pasando por tus ojos el cielo
algo llega y se va
algo sin movimiento
que no está en la vista
ni allá
algo más allá del largo ojo terreno
con que te mira el mar
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